Mientras el país enfrenta una inflación récord, déficit fiscal y escasez de dólares, el Ejecutivo insiste en que las políticas implementadas buscan contrarrestar estos desafíos históricos.  

En medio de una crisis económica que se agudiza día a día, el Gobierno boliviano ha optado por atribuir la situación a un «problema estructural» que el país arrastra desde hace décadas. El ministro de Economía, Marcelo Montenegro, rechazó las acusaciones de que la gestión del presidente Luis Arce haya destruido la economía y aseguró que las políticas actuales buscan contrarrestar desafíos históricos, como la brecha externa y la dependencia de importaciones. “Nadie puede decir que hemos destruido la economía, para nada. Lo que muestran estos números es que el Gobierno está cuidando la economía”, afirmó Montenegro.  

Montenegro explicó que el principal problema estructural es la brecha externa, es decir, la diferencia entre las importaciones que requiere el país y sus exportaciones, lo que afecta el flujo de divisas. “El problema es la brecha externa, ese es un problema estructural no de una década atrás, sino de hace cinco o seis décadas”, remarcó el ministro. Para enfrentar este desafío, el Gobierno ha implementado medidas como la sustitución de importaciones y la apertura de nuevas oportunidades de exportación, aunque reconoció que estos procesos no generan resultados inmediatos.  

Sin embargo, la crisis económica actual se manifiesta en indicadores alarmantes: la inflación cerró 2024 en 9,97%, la más alta desde 2008; el déficit fiscal alcanzó el 12% del PIB; y las reservas internacionales están casi agotadas. Además, la industria farmacéutica y otros sectores productivos enfrentan graves problemas por la falta de acceso a dólares para importar insumos esenciales. A pesar de esto, el Gobierno insiste en que las políticas implementadas buscan estabilizar la economía a largo plazo.  

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