Miles de familias se están desplazando del campo a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida, lo que agrava la presión sobre los servicios urbanos y refleja el creciente desequilibrio territorial en el país.

En lo que va de 2025, Bolivia ha registrado un aumento significativo en la migración interna, principalmente de zonas rurales hacia las principales ciudades del país como El Alto, Santa Cruz y Cochabamba. Este fenómeno, impulsado por la falta de oportunidades laborales, la escasez de servicios básicos y el impacto del cambio climático en la producción agrícola, ha generado nuevos desafíos sociales y económicos en los centros urbanos.

Las autoridades municipales han advertido sobre la creciente presión que este flujo migratorio ejerce sobre la infraestructura urbana, particularmente en salud, educación, vivienda y transporte. En muchos casos, las familias migrantes se asientan en zonas periurbanas sin acceso a servicios básicos como agua potable, electricidad o alcantarillado. Esto contribuye al crecimiento desordenado de las ciudades y aumenta la vulnerabilidad de miles de personas en situación de pobreza.

Organizaciones sociales y expertos han señalado la necesidad de implementar políticas públicas que equilibren el desarrollo territorial, con mayor inversión en el área rural, incentivos productivos y acceso a servicios de calidad en todo el país. Mientras tanto, la migración interna continúa como una expresión silenciosa de las desigualdades estructurales que Bolivia aún no logra resolver.

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